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El misterio genético de los perros de Chernóbil empieza a aclararse

El misterio genético de los perros de Chernóbil empieza a aclararse

  • Los perros que viven junto a la central de Chernóbil se parecen genéticamente más a los de las islas Galápagos que a los de la ciudad cercana, a solo 16 kilómetros. La selección natural podría explicarlo.

Noviembre 05, 2026 | Aquel 26 de abril de 1986, el accidente en la central nuclear de Chernóbil marcó el inicio de una evacuación que obligó a miles de personas a abandonar sus hogares. La zona acabaría convertida en un territorio de exclusión de unos 2.600 kilómetros cuadrados. Pero para muchas familias, marcharse significó también dejar atrás a sus mascotas. Después llegaron los llamados liquidadores, encargados de sacrificar a los animales que habían quedado allí.

Aun así, no acabaron con todos. Hoy, la zona sigue siendo el hogar de varios cientos de perros. Se cree que muchos proceden de aquellas mascotas abandonadas y, desde el accidente, ya se han sucedido más de 30 generaciones.

Lo curioso es que no todos los perros de Chernóbil son iguales desde el punto de vista genético. En 2023, un equipo de investigadores halló diferencias importantes entre los que viven junto a la central nuclear y los de la ciudad de Chernóbil, a solo 16 kilómetros.

Al examinar su ADN, comprobaron que los de la ciudad tenían mucho en común con perros de Rusia y Polonia. La población cercana a la central, por su parte, presentaba diferencias en regiones del ADN relacionadas con su reparación, según la Universidad Estatal de Carolina del Norte.

Este hallazgo alimentó una explicación un poco inquietante. ¿Podía la radiación haber provocado mutaciones que explicaran aquellas diferencias genéticas? Como era de esperar, la noticia se hizo viral, pero una investigación de 2024 enfrió aquella sospecha: los científicos no encontraron indicios de que los perros cercanos a la central hubieran acumulado más mutaciones que los de la ciudad.

Deriva genética o selección natural

Sin pruebas de que las mutaciones explicaran aquellas diferencias, los investigadores siguieron buscando respuestas. Ahora, un nuevo estudio publicado en la revista Genes utilizó los genomas de 63 perros, 33 de la central y 30 de la ciudad, para investigar otros dos mecanismos evolutivos.

Se cree que muchos de los perros que viven hoy en la zona descienden al menos en parte de las mascotas abandonadas tras el accidente EN CHERNOBYL 1
Se cree que muchos de los perros que viven hoy en la zona descienden, al menos en parte, de las mascotas abandonadas tras el accidente.

Uno era la deriva genética, por la que algunas variantes genéticas se vuelven más o menos frecuentes por azar, especialmente en poblaciones pequeñas y aisladas. El otro era la selección natural, que favorece las variantes genéticas que aumentan las posibilidades de sobrevivir y reproducirse.

La primera hipótesis tenía cierto respaldo histórico. Según IFL Science, los análisis sugieren que la población cercana a la central disminuyó hace entre 35 y 40 generaciones, algo compatible con el accidente y el posterior sacrificio de animales.

Sin embargo, los investigadores no encontraron en estos perros la pérdida de diversidad genética que cabría esperar si la deriva fuera la principal explicación. Las estimaciones generales tampoco mostraron diferencias significativas entre el tamaño efectivo de esta población y el de la ciudad.

Para comprobar si el aislamiento podía explicar el resultado, el equipo comparó además sus genomas con los de perros de las islas Galápagos. Y apareció una nueva sorpresa. Los de la ciudad de Chernóbil se parecían genéticamente más a los de aquellas islas que a sus vecinos de la central.

Los resultados daban más peso así a otra explicación: la selección natural. En los perros de la central se identificaron señales de selección direccional en más de 100 regiones del genoma, próximas a genes relacionados con el cáncer, la reparación del ADN, el ciclo celular y la inmunidad. Este tipo de selección se produce cuando determinadas variantes se vuelven más frecuentes porque sus portadores tienen mayor éxito reproductivo.

No obstante, Megan Dillon, primera autora del estudio, reconoce que todavía no pueden confirmar que se trate de selección natural. Aun así, los investigadores han encontrado “firmas genómicas que sugieren la existencia de selección”, explica.

¿Se han adaptado a la radiación?

Ahora bien, encontrar indicios de selección no equivale a demostrar que los perros se hayan adaptado a la radiación. En ese sentido, el genetista Matthew Breen, coautor del estudio, plantea que los animales que sobrevivieron a las primeras exposiciones quizá ya poseían variantes genéticas que les daban alguna ventaja.

Estas podrían haberse entonces extendido entre sus descendientes sin necesidad de que aparecieran nuevas mutaciones. Pero sigue sin estar claro qué condiciones favorecieron ese proceso.

De hecho, Jim Smith, investigador de la Universidad de Portsmouth ajeno al estudio, duda de que la radiación sea la responsable de estas diferencias. Según explicó a Popular Mechanics, los dos grupos de perros también tienen distintos orígenes y pueden diferir en su alimentación, las enfermedades a las que están expuestos y el contacto con otros contaminantes.

A esto se suma que no existen pruebas de laboratorio que indiquen que la radiación que reciben estos animales sea suficiente para influir de forma importante en la selección natural. Por eso, Smith considera prácticamente imposible determinar cuánto se debe a la radiación y cuánto a otros factores en un entorno como Chernóbil.

Con todo, la cuestión de las mutaciones tampoco está completamente cerrada. Timothy Mousseau, coautor del estudio, sigue investigando su posible papel y compara perros de las islas Marshall y del antiguo campo de pruebas soviético de Semipalatinsk, donde se realizaron más de 450 ensayos nucleares. También quiere averiguar cuándo surgieron determinadas mutaciones en los perros de Chernóbil y espera obtener respuestas en uno o dos años.

Por ahora, no se ha demostrado que los perros de Chernóbil hayan desarrollado una resistencia especial a la radiación. Su ADN ofrece pistas sobre cómo cambian las poblaciones en un entorno contaminado, pero aún falta resolver la cuestión principal. ¿Qué favoreció realmente su supervivencia y cuánto tuvo que ver el accidente nuclear?

Con información de DW Noticias

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