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Las mujeres mueren más en las olas de calor, ¿por qué?

Las mujeres mueren más en las olas de calor, ¿por qué?

  • Aunque país tras país se registran más muertes de mujeres que de hombres durante las olas de calor, los expertos sostienen que la biología no es la principal responsable de esta brecha.
  • Las largas jornadas laborales, las pausas limitadas y la exposición repetida al calor suelen suponer una mayor carga para las mujeres.

Agosto 04, 2026. Al observar las recientes olas de calor en Europa, hay un patrón que se repite, según el cual mueren más mujeres que hombres. Durante el entonces récord de calor del verano europeo de 2022, un estudio encontró un 56 % más de muertes relacionadas con el calor entre las mujeres que entre los hombres, a partir de datos de mortalidad de 35 países.

Alemania, que acaba de registrar su temporada de calor más mortífera desde 2016, con cerca de 9.800 muertes relacionadas con el calor hasta mediados de julio, según el Instituto Robert Koch, está registrando el mismo patrón nuevamente este año.

¿Las hormonas hacen que las olas de calor sean más peligrosas para las mujeres?

Parte de la cobertura reciente ha recurrido a la explicación hormonal, de acuerdo con la cual los cuerpos de las mujeres simplemente no están preparados para soportar el calor. Sudarían menos, tendrían más grasa corporal y la progesterona elevaría la temperatura corporal interna.

Pero los científicos que estudian los efectos del calor sobre el cuerpo humano afirman que esa idea es, en gran medida, incorrecta. “En general, los estudios suelen mostrar solo ligeramente más vulnerabilidad al calor en mujeres en comparación con los hombres”, dijo Alexandra Schneider, epidemióloga ambiental y subdirectora del Instituto de Epidemiología del Helmholtz de Múnich. “No es realmente una señal muy fuerte”.

Las pequeñas diferencias que sí existen son reales: las mujeres tienen una menor tasa de sudoración, una menor superficie de piel en relación con el tamaño corporal y una distribución de la grasa que influye en la regulación de la temperatura corporal. Las hormonas también desempeñan un papel, aunque de forma desigual a lo largo de la vida.

Schneider señala especialmente a un grupo: las mujeres después de la menopausia, etapa en la que aumenta el riesgo cardiovascular. Según explica, las mujeres mayores que ya padecen enfermedades cardíacas probablemente constituyan el grupo de mayor riesgo.

Pero incluso en esos casos, no cree que la biología sea la principal causa del exceso de muertes durante una ola de calor. “Las condiciones de vida y el entorno social de las mujeres probablemente representan un riesgo aún mayor que las diferencias hormonales”.

Una brecha de investigación, no una diferencia biológica

Toby Mündel, profesor de Kinesiología de la Universidad Brock, en Canadá, que estudia entornos humanos extremos, considera que el impacto está “sobredimensionado” cuando se le pregunta si existe una base biológica real para la afirmación de que las mujeres tienen más probabilidades de morir durante las olas de calor.

Según Mündel, los factores que más determinan cómo una persona afronta una ola de calor son la edad, el tamaño corporal, la condición física y el nivel habitual de actividad, y no el sexo biológico.

La sudoración es un ejemplo. Aunque las mujeres sudan menos, eso no las hace más vulnerables porque lo compensan de otra manera. “Dirigen el flujo sanguíneo hacia la piel, mediante la vasodilatación, mucho mejor que los hombres”, explica Mündel, señalando que sus vasos sanguíneos se expanden de forma más eficiente y trasladan el calor hacia la superficie corporal, donde puede disiparse.

El embarazo, que muchos asumen que debe ser una situación de riesgo, es otro ejemplo. “A medida que una mujer avanza en el embarazo, en realidad mejora su capacidad para soportar el calor”, afirma Mündel. El investigador establece una clara diferencia entre fisiología y circunstancias. Existen buenas razones para no exponer a mujeres embarazadas a trabajos físicos intensos al aire libre bajo calor extremo. Pero la razón no está en la capacidad de sus cuerpos para gestionar la temperatura.

¿Por qué entonces los datos parecen indicar lo contrario?

Parte del argumento de Mündel se basa en aquello que se mide. Los estudios suelen contabilizar ingresos hospitalarios y visitas a urgencias, y las mujeres tienen muchas más probabilidades que los hombres de buscar atención médica. “No es una cuestión fisiológica”, afirma. “¿Realmente lo están pasando peor o solo pidieron ayuda antes?”.

En el fondo existe además una importante brecha de investigación. “Tenemos aproximadamente cien veces más datos y evidencias sobre hombres. Sobre mujeres prácticamente no tenemos nada”, señala Mündel. “Es como comparar gatos y perros”.

Las cifras de Alemania apuntan en la misma dirección. El Instituto Robert Koch atribuye el mayor número de fallecimientos femeninos al hecho de que las mujeres representan una proporción más alta de los grupos de edad más avanzados. Sus estimaciones también calculan las muertes por cada 100.000 habitantes y, según esa medida, la imagen cambia por completo.

En todos los grupos de mayor edad este verano, la tasa de mortalidad masculina ha sido superior a la femenina. En otras palabras, mueren más mujeres durante las olas de calor porque también son más las mujeres de muy avanzada edad que aún viven.

El verdadero riesgo es la exposición al calor, no la biología

Si la diferencia no es fisiológica, ¿de dónde proviene?

Laurie Parsons, investigador de Royal Holloway, Universidad de Londres, estudia cómo el estrés por calor se transmite a través de la economía global en sectores como la construcción, la industria textil, la agricultura, el transporte y la venta ambulante.

En todos ellos, afirma, las mujeres pasan entre un 30 % y un 50 % más de su tiempo laboral por encima de los umbrales de estrés por calor que los hombres. En la construcción, al comparar a hombres y mujeres que realizan el mismo trabajo, la diferencia alcanza aproximadamente el 50 %.

Las razones, explica, son estructurales. Con frecuencia, las mujeres utilizan más ropa para desempeñar el mismo trabajo. Los hombres suelen sentirse más cómodos a la hora de pedir descansos. Además, cuando el trabajo masculino es visiblemente extenuante, se reconoce como un riesgo asociado al calor y se compensa con pausas de descanso. El trabajo de las mujeres, en cambio, suele ser más constante, menos evidentemente agotador, y no recibe ese mismo alivio.

Parsons compara la diferencia con la que existe entre un accidente aéreo y la exposición al amianto: uno es una catástrofe repentina y visible; el otro, un daño lento y constante que resulta fácil pasar por alto. “El estrés por calor en los hombres tiende a ser un riesgo más intenso, con episodios relativamente visibles de malestar físico que pueden gestionarse”, explica. “El estrés por calor en las mujeres está presente de forma constante, pero es mucho menos visible porque no presenta esos mismos picos evidentes durante la jornada laboral”.

Y cuando termina la jornada, añade, los hombres descansan, mientras que muchas mujeres siguen cocinando, limpiando y cuidando de los hijos.

El calor también reduce los ingresos. Según Parsons, los trabajadores sometidos a estrés por calor son alrededor de un 30 % menos productivos en el sector textil, que es el ámbito donde este impacto resulta más fácil de cuantificar.

Para Parsons, lo que sucede es que planteamos mal el problema. “El estrés por calor no es una condición atmosférica”, afirma. “Es una condición social que ocurre dentro de determinadas circunstancias atmosféricas”.

Con información de DW Noticias.