
Agencia El Cronista. Noviembre 19, 2025.
La siesta ha sido objeto de estudio por parte de la ciencia en los últimos años. Investigadores de diversas disciplinas han analizado los efectos de dormir por la tarde, buscando determinar la cantidad de tiempo ideal para obtener los máximos beneficios sin afectar el descanso nocturno.
Los hallazgos científicos revelan que una siesta bien planificada puede mejorar el rendimiento cognitivo, el estado de ánimo y la productividad. Sin embargo, la duración del descanso es crucial para lograr estos efectos positivos.
La ciencia ha investigado exhaustivamente sobre la duración ideal de la siesta. Un estudio destacado en este campo fue realizado por la NASA en 1995, en conjunto con la Junta de Seguridad en el Transporte de Estados Unidos.
Los investigadores determinaron que 26 minutos es la duración óptima para una siesta. Este breve descanso logró mejorar significativamente el desempeño laboral y la atención de los pilotos de vuelos extensos.
Específicamente, se observó un aumento del 34% en el rendimiento y un 54% en el estado de alerta.
De acuerdo al portal Mejor con Salud, los expertos aconsejan no extender la siesta más allá de 30 minutos. Esta recomendación se basa en los conocimientos sobre las fases del sueño.
Cuando dormimos, nuestro cuerpo atraviesa ciclos de cambios fisiológicos que duran entre 90 y 110 minutos, repitiéndose sucesivamente hasta que despertamos.
Cada ciclo completo consta de 2 etapas principales:
La fase no REM se divide en 4 partes, siendo las 2 primeras de sueño ligero y las 2 últimas de sueño profundo. La cuarta fase se superpone con la fase REM, momento en el que ocurren los sueños.
Al limitar la siesta a 30 minutos, se evita entrar en las fases profundas del sueño. Esto previene la inercia del sueño, ese estado de confusión que experimentamos al despertar y que puede afectar negativamente nuestro rendimiento cognitivo.
Hoy en día, los expertos sugieren que el momento óptimo para la siesta se ubica entre las 13 y las 16 horas. Este período coincide con una disminución natural de los ritmos circadianos después del almuerzo, lo que facilita el sueño.
No obstante, es importante tener en cuenta que el horario ideal puede variar según las circunstancias personales.
Independientemente del horario elegido, es fundamental crear un entorno propicio para el descanso. Algunas recomendaciones para lograr una siesta reparadora son:
Para despertar, se aconseja utilizar una alarma suave y progresiva, evitando sonidos bruscos que puedan generar sobresaltos. En cuanto al lugar para dormir, es preferible un sofá cómodo y espacioso.
Algunas personas evitan la cama para no caer en la tentación de prolongar excesivamente el descanso.