
Julio 22, 2026. En cualquier ambiente hay sonidos. Muchos parecen normales para la mayoría de las personas, mientras que para otras pueden convertirse en una fuente importante de malestar.
El ruido de alguien masticando, sorbiendo una bebida, respirando fuerte o golpeando repetidamente un objeto puede provocar una reacción inmediata de enojo, ansiedad o desesperación.
Esta respuesta tiene un nombre: misofonía, un fenómeno relacionado con una sensibilidad extrema hacia determinados sonidos. Durante muchos años se creyó que se trataba únicamente de una reacción exagerada o de poca tolerancia; sin embargo, investigaciones recientes muestran que existe una relación entre estos estímulos auditivos y la forma en que el cerebro procesa las emociones.
La palabra misofonía proviene del griego y significa “odio al sonido”. No obstante, especialistas explican que esta definición resulta limitada, ya que la condición no implica rechazar cualquier ruido, sino presentar una respuesta desproporcionada ante sonidos muy específicos.
Una de las características de la misofonía es que la reacción aparece de manera automática. Aunque la persona sabe que el sonido no representa un peligro, su cerebro desencadena una respuesta emocional difícil de controlar.
Los especialistas explican que el cerebro interpreta algunos sonidos como estímulos especialmente relevantes y activa mecanismos relacionados con las emociones. En las personas con misofonía, esta respuesta puede presentarse con mayor intensidad que en el resto de la población.
A diferencia de una molestia cotidiana, la persona puede experimentar:
Los especialistas recomiendan prestar atención a tres aspectos fundamentales: la frecuencia con la que aparece la reacción, la intensidad de las emociones y el impacto que tiene sobre la rutina diaria.
Hasta el momento no existe un medicamento específico aprobado para tratar la misofonía. Sin embargo, hay distintas estrategias que pueden ayudar a disminuir el impacto de los sonidos detonantes y mejorar la calidad de vida.
Entre las opciones más utilizadas se encuentran las siguientes.
1. Terapia cognitivo-conductual
Este tipo de terapia psicológica busca ayudar a la persona a modificar la respuesta emocional que generan determinados sonidos y desarrollar herramientas para afrontar esas situaciones.
2. Terapias basadas en sonido
Algunas personas encuentran alivio con ruido ambiental, sonidos relajantes o dispositivos auditivos que disminuyen la percepción de los estímulos que provocan malestar.
3. Identificación de los detonantes
Reconocer cuáles son los sonidos que desencadenan la reacción permite desarrollar estrategias para enfrentarlos y reducir su impacto en la vida cotidiana.
Aunque la investigación sobre la misofonía ha avanzado en los últimos años, los expertos coinciden en que todavía se requieren más estudios para comprender por completo sus causas y desarrollar tratamientos específicos.
Con información de Excélsior.