
Agencia Excélsior. Julio 15 2025.
Para muchas personas, bañarse con agua muy caliente es sinónimo de relajación y limpieza profunda, especialmente en las mañanas frías. Sin embargo, esta práctica puede generar efectos adversos en la piel y la salud en general si no se controla la temperatura adecuada.
La piel es el órgano más grande del cuerpo humano y cumple funciones vitales de protección.
Entre sus características principales está su microbiota natural, compuesta por microorganismos benéficos que ayudan a mantenerla sana. Estos organismos crecen en un ambiente ácido, con un pH de entre 4 y 6, creando una barrera que protege a la piel de bacterias y agentes dañinos.
Al bañarse con agua muy caliente, se rompe este equilibrio, ya que las altas temperaturas:
Esto ocurre porque el calor prolongado genera un ambiente donde las bacterias patógenas crecen de forma acelerada, afectando la salud cutánea.
Según un estudio de la American Academy of Dermatology (AAD), publicado en el Journal of the American Academy of Dermatology, bañarse con agua a temperaturas superiores a 40 °C provoca un aumento en la pérdida de agua transepidérmica, es decir, la evaporación del agua contenida en las capas más profundas de la piel.
Esta pérdida de humedad genera:
Además, se incrementa la sudoración, lo cual potencia la deshidratación cutánea, debilitando su función como barrera contra agentes externos.
Además de los riesgos dermatológicos, bañarse con agua muy caliente puede afectar la salud general, especialmente en personas con problemas cardiovasculares. El calor excesivo provoca:
Este efecto puede provocar mareos, sensación de desmayo y en casos graves, complicaciones cardiovasculares. Por ello, se recomienda a personas con hipertensión o enfermedades cardíacas consultar con su médico antes de usar agua muy caliente en sus baños.
Aunque el agua fría no es agradable para todos, tiene beneficios importantes para la piel y la circulación, como: