
Julio 17, 2026. La mañana de este viernes 17 de julio de 2026, la tierra volvió a recordar a los habitantes del sur de México el enorme poder geológico que yace bajo sus pies. El Servicio Sismológico Nacional (SSN) reportó un fuerte sismo de magnitud 7.4 con epicentro al suroeste de Huixtla, Chiapas.
El sismo, registrado a las 08:48 horas, se percibió en varias regiones aledañas e incluso activó protocolos en el oriente de la Ciudad de México, sin embargo no sonó la alerta sísmica, lo que generó desconcierto entre la población.
Sin embargo, más allá del gran susto y del monitoreo por la alerta de tsunami emitida para el Pacífico, este evento ha encendido el interés público y científico sobre un fenómeno recurrente en la región: los enjambres sísmicos. Pero, ¿qué significa exactamente este término y por qué Chiapas es una zona tan propensa a experimentarlos?
En la sismología tradicional, un terremoto fuerte suele seguir un patrón claro: un evento principal de gran magnitud (el sismo principal) seguido de una serie de movimientos menores que van decreciendo en intensidad con el tiempo (las famosas réplicas).
Un enjambre sísmico, por el contrario, rompe este molde. Se define como la ocurrencia de una gran cantidad de eventos sísmicos dentro de un área geográfica delimitada y en un periodo de tiempo relativamente corto, sin que exista un único sismo principal claramente identificable que domine al resto por su magnitud.
En un enjambre, decenas o cientos de temblores de magnitudes similares (usualmente bajas o moderadas) se suceden de forma constante. La actividad puede durar días, semanas e incluso meses antes de disiparse.
Esta es la pregunta que más preocupa a la población civil. Históricamente, la gran mayoría de los enjambres sísmicos terminan liberando tensión de manera gradual a través de eventos menores y medianos, extinguiéndose sin mayores consecuencias estructurales.
No obstante, los científicos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y del SSN mantienen una vigilancia constante. En casos muy específicos, un enjambre de sismos puede actuar como eventos “premonitores” (o foreshocks), debilitando la fricción de una falla mayor antes de que se suscite un terremoto de gran escala. Dado que la ciencia actual no puede predecir los sismos, la prevención y el monitoreo en tiempo real siguen siendo las mejores herramientas de protección civil.
Tras el fuerte movimiento de esta mañana, la Coordinación Nacional de Protección Civil y las autoridades del estado han desplegado protocolos de evaluación física y estructural en los municipios chiapanecos para garantizar el bienestar de la población ante cualquier evolución de la actividad en el subsuelo.
La respuesta corta es la tectónica de placas. El estado de Chiapas se localiza en una de las regiones geológicamente más complejas y activas del planeta. En este punto del territorio mexicano interactúan de forma directa tres placas tectónicas principales:
El proceso predominante aquí es la subducción, donde la Placa de Cocos se desliza activamente por debajo de la Placa de Norteamérica. Este roce constante acumula cantidades masivas de energía. Cuando las rocas subterráneas rompen su límite de resistencia, esa energía acumulada se libera bruscamente en forma de ondas sísmicas.
Además del potente evento de 7.4 registrado hoy al suroeste de Huixtla, la región suele registrar microsismos y eventos de profundidad intermedia todos los días —como el movimiento de magnitud 3.8 en Cintalapa ocurrido en las primeras horas de este mismo viernes—. Cuando estas fallas locales se activan simultáneamente bajo ciertas condiciones de presión de fluidos en el subsuelo, se detonan los temidos enjambres.
Con información de Infobae.