
Agencia Excélsior. Enero 30, 2026.
Un estudio revela que la gravedad de un infarto depende de la hora en que ocurra, siendo los ataques nocturnos menos letales. El sistema inmune sigue un ritmo preciso que protege al corazón.
Este descubrimiento explica cómo los glóbulos blancos cambian su conducta. Durante el día, estas células pueden agravar el daño en el tejido del corazón, lo que puede empeorar la letalidad de un infarto.
La razón principal radica en los neutrófilos, células que actúan como primera línea de defensa. Durante el día patrullan el cuerpo, pero por la noche entran en un estado de desarme natural y calma.
El estudio publicado en Journal of Experimental Medicine identifica que una molécula aumenta sus niveles en la oscuridad, activando un receptor que tranquiliza a estas células. El modo nocturno las dirige al centro de la lesión para no dañar.
Así protegen los neutrófilos al corazón:
Los infartos que ocurren entre las ocho de la mañana y el mediodía son significativamente más destructivos, de acuerdo con la investigación. Las lesiones cardiacas en este horario resultan en un tamaño de daño mucho mayor.
Al despertar, los neutrófilos están envejecidos y en un estado de hiperactividad. Al intentar reparar el daño inicial, liberan químicos potentes que terminan matando células cardiacas sanas alrededor.
El análisis de dos mil pacientes corroboró estos datos científicos. Quienes presentan mayor número de neutrófilos sufren daños graves si el ataque ocurre de día, confirmando el riesgo durante las mañanas.
Dormir mal pone al corazón en una zona de peligro constante. La privación del sueño, definida como dormir menos de seis horas, se vincula directamente con un mayor riesgo de enfermedad grave.
La falta de descanso impide que la presión arterial baje naturalmente por la noche. Los trastornos como el insomnio elevan las hormonas de estrés, factores que aceleran el daño a todas las arterias.
Estos son los daños de los malos hábitos de sueño, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades en EU (CDC) y un estudio publicado en Biomedical Reports:
La prevención está en las manos de cada persona y comienza con decisiones diarias. Adoptar un estilo de vida saludable actúa como un escudo contra el colesterol y el estrés crónico que se acumula a diario.
La alimentación y el movimiento resultan fundamentales para el organismo. Elegir alimentos ricos en nutrientes evita que las grasas saturen las arterias importantes y que la presión se dispare en silencio.
Así es posible evitar un infarto, de acuerdo con American Heart Association (AHA):
Respetar los ciclos de luz y oscuridad es una cuestión de supervivencia biológica. Sincronizar los hábitos con el ritmo natural de las células reduce el riesgo de eventos cardiacos devastadores.