
Agencia Excélsior. Septiembre 25, 2025.
El futbol americano siempre ha tenido sonidos que lo han hecho reconocible. El clásico hut hut del quarterback, el crujido de los cascos en una tacleada y el eco particular del balón golpeado con violencia por la pierna de un pateador de despeje forman parte de ellos. Sin embargo, el ruido del cuero del zapato contra el ovoide cada vez se escucha menos, como si la NFL hubiera decidido bajar el volumen de la jugada que por décadas sirvió para defender el territorio.
Rigoberto Sanchez lo sabe mejor que nadie. El pateador de origen mexicano que juega bajo el uniforme de los Colts de Indianápolis, estuvo los dos primeros partidos de la campaña sin patear ni una sola vez. En la paliza ante Dolphins de Miami ni siquiera soltó la pierna en algún calentamiento. En el triunfo sobre Broncos de Denver, tampoco apareció en escena. Para cuando finalmente despejó en la victoria frente a Tennessee, su nombre se volvió viral e inspiración de múltiples memes ya que pasó 259 días sin realizar su trabajo.
Sanchez forma parte del pelotón de pateadores cuyo rostro apenas aparece en televisión, pero que cobran un salario de casi 300 mil dólares por partido para pasar buena parte de la tarde en la banca.
Con Rigoberto sin la necesidad de ponerse el casco, la organización de Indianápolis se convirtió en la primera en registrar un solo despeje en los tres primeros encuentros de la temporada desde al menos 1940, cuando se empezó a registrar esta estadística.
Una jugada que alguna vez fue tan habitual como los castigos por sujetar, ahora se parece a una especie en vías de extinción. En lo que va de la temporada los equipos promedian apenas 3.65 despejes por partido. Nunca se había visto una cifra tan baja. En 2018, el promedio era de 4.8 despejes por encuentro. Esa es una de las nuevas postales del futbol americano.
En la actual NFL, los entrenadores prefieren intentar llegar al primero y 10 en cuarta oportunidad a entregar el balón. Por primera vez en la historia de la liga, menos de la mitad de esas situaciones terminan en despeje. Hoy el 51 por ciento de las cuartas oportunidades terminan en pases o carreras. Hace seis años era más del 61 por ciento.
Dentro de la disminución hay otros factores que influyen. Equipos como Eagles se han vuelto casi imparables en situaciones de cuarta y corto yardaje por avanzar. Con la fuerza de la línea de su lado, los head coach arriesgan.
Junto a lo anterior, los pateadores de goles de campo ahora son capaces de anotar desde más de sesenta yardas con relativa confianza. Los entrenadores formados en la escuela de la estadística analítica insisten en que arriesgar en cuarta es más rentable que ceder el balón. Y la posición inicial de los ataques ayuda. Las nuevas reglas del kickoff colocan la posesión en promedio en la yarda 30, lo que reduce el temor a dejar al rival en campo corto.
En ese ecosistema la figura del pateador de despeje pierde brillo. Lo que alguna vez hizo de Ray Guy una leyenda de los Raiders y el único miembro del Salón de la Fama en esa posición hoy parecería un talento desperdiciado. El viejo arte de obligar al quarterback rival a recorrer noventa yardas quedó opacado por una liga que se define por la agresividad de las ofensivas.
El promedio de retorno de despeje en esta temporada es de 11.9 yardas. Hay tan pocos despejes que las unidades de cobertura apenas tienen repeticiones para perfeccionar.
El despeje no ha desaparecido por completo. Siempre habrá situaciones en que una ofensiva atrapada en su yarda 10 no tenga otra salida que entregar el balón. Pero el concepto de seguridad que durante décadas acompañó a la jugada se disuelve semana tras semana. Hoy los equipos piensan que arriesgar es la mejor manera de protegerse.