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Todos sueñan con el Super Bowl: arrancan los playoffs de la NFL 2025

Todos sueñan con el Super Bowl: arrancan los playoffs de la NFL

  • El camino hacia el trofeo Vince Lombardi arranca este sábado con la primera ronda de playoffs de la NFL: seis partidos de Wild Card con la emoción al máximo.

Agencia Sport. Enero 09, 2026.

Empiezan los playoffs de la NFL 2026 con la Ronda de Comodines o Wild Card, seis partidos a eliminación directa que abren el camino hacia el Super Bowl. Denver Broncos y Seattle Seahawks, campeones de AFC y NFC respectivamente, todavía no participan en esta ronda y entrarán en la divisional a partir de la próxima semana.

CONFERENCIA AMERICANA

Los Angeles Chargers vs New England Patriots

La nueva etapa de los New England Patriots ya es un hecho. Lo que durante dos décadas fue sinónimo de dominio con Bill Belichick y Tom Brady, ahora se ha transformado en un proyecto con Mike Vrabel en el banquillo y Drake Maye como rostro de la franquicia. No se trata de comparar trayectorias —aquella dupla marcó una época—, sino de entender el cambio de tendencia: en su primer año juntos, entrenador y quarterback han convertido a los Patriots en un equipo con ambición real de playoffs.

El gran motor del salto es Maye, elegido con el número 3 del Draft de 2024 y que ha firmado una temporada de calibre estelar: 4.394 yardas de pase, 31 touchdowns y solo 8 intercepciones. Su madurez llama la atención por la naturalidad con la que ha manejado partidos grandes, el ritmo ofensivo y la toma de decisiones. En una eliminatoria a partido único, su capacidad para sostener drives largos y castigar defensas con paciencia será el factor que puede inclinar el guion hacia el lado local.

Enfrente aparece otro nombre mayor: Justin Herbert. El quarterback de Los Angeles Chargers llega con la etiqueta de amenaza constante, pero después de una campaña marcada por la irregularidad… y por las heridas en la línea ofensiva. La ausencia de sus dos tackles más importantes, Rashawn Slater y Joe Alt, ha condicionado el ataque durante meses, obligando a Herbert a convivir con presión y a simplificar muchas lecturas. Aun así, los Chargers han sacado adelante un récord de 11-6 apoyándose en su capacidad para competir cada domingo.

Una de las claves angelinas ha sido encontrar oxígeno en el backfield. El rookie Kimani Vidal ha aportado estabilidad con 643 yardas terrestres y 4 touchdowns, un recurso imprescindible para no convertir el partido en un intercambio puro de pases que favorezca a Maye. Si los Chargers quieren dar el golpe, necesitan controlar el tempo, proteger a Herbert con play-action y evitar que el duelo se convierta en una persecución de puntos.

Del lado de Patriots, la defensa apunta a ser decisiva. El interior Milton Williams puede condicionar el partido desde el centro de la línea defensiva: si Nueva Inglaterra logra colapsar el pocket por dentro, obligará a Herbert a moverse lateralmente, justo lo que más se nota cuando faltan piezas en los extremos de la protección.

Buffallo Bills – Jacksonville Jaguars

Jacksonville llega a la Ronda de Comodines con el punto de confianza más alto de toda la AFC. En gran parte, por el impacto inmediato de Liam Coen, candidato real a Entrenador del Año por haber estabilizado una franquicia acostumbrada al vaivén y, además, por haber rejuvenecido un ataque que pedía aire. Los Jaguars no solo han ganado la división: aterrizan en playoffs con ocho victorias consecutivas, una racha que dice mucho del estado anímico y del nivel de ejecución con el que han cerrado el curso.

El termómetro ofensivo es Trevor Lawrence. El “QB generacional” al que se le exige siempre la portada está respondiendo con una segunda mitad de temporada de las que cambian percepciones: 4.007 yardas de pase y 29 touchdowns en fase regular, jugando con ritmo, lectura y agresividad controlada. Y si el juego aéreo ha subido un escalón, también lo ha hecho el arsenal. La llegada de Jakobi Meyers en el tramo final de mercado ha aportado una válvula de seguridad en terceros downs y una amenaza consistente en rutas intermedias, justo el tipo de receptor que evita que todo dependa de jugadas explosivas. El complemento lo pone Travis Etienne, que ha vuelto a superar las 1.000 yardas terrestres y equilibra el guion: Jacksonville puede ganar corriendo y también puede ganar si el partido se convierte en un intercambio de puntos.

Enfrente aparece un rival con colmillo reciente: Buffalo Bills. No han sido la versión más dominante de los últimos años, pero llegan con el factor que más pesa en enero: Josh Allen. El plan de Buffalo es, en realidad, bastante simple de describir y muy difícil de frenar: si Allen juega en “modo superestrella”, el partido se puede romper en cualquier drive. La diferencia es que este año no está obligado a sostenerlo todo con magia. El gran aliado es James Cook III, que ha firmado una temporada de explosión total: 1.621 yardas de carrera y 12 touchdowns, un apoyo de lujo para castigar defensas, controlar el reloj y aliviar la presión sobre el quarterback.

La gran pregunta es psicológica y estadística a la vez: Buffalo llega a Jacksonville con una mochila pesada fuera de casa. En la era Sean McDermott, los Bills han tenido un techo claro lejos de Orchard Park: 0-5 en partidos de playoff como visitantes. Si quieren soñar con algo grande, este es el tipo de noche que deben cambiar.

Houston Texans – Pittsburgh Steelers

El Texans–Steelers llega con una narrativa potente: ¿puede ser una de las últimas apariciones de Aaron Rodgers en playoffs? Pittsburgh aterriza con un 10-7 y el título de una AFC Norte más abierta de lo habitual, pero su curso ha sido de altibajos. Los Steelers han alternado partidos en los que controlan el ritmo con otros en los que el ataque se apaga por completo, y esa montaña rusa pesa el doble cuando todo se decide a un solo encuentro.

Con Rodgers, el plan ofensivo necesita contexto. Cuando el juego terrestre funciona y los Steelers pueden moverse en escenarios de segunda y manejable, el ataque encuentra continuidad: Jaylen Warren sostiene el equilibrio y DK Metcalf ofrece una amenaza real para estirar el campo y castigar coberturas. El problema es que, si Pittsburgh se ve obligado a perseguir el marcador, la ofensiva se vuelve más previsible y Rodgers ya no vive de la improvisación constante como en sus mejores años. Además, la defensa ya no está “asegurando puntos” cada semana como en otras etapas: T.J. Watt ha firmado una temporada más discreta de lo esperado con 7 sacks, y eso reduce la capacidad de generar partidos caóticos a base de presión y pérdidas.

Enfrente, Houston llega con el argumento más sólido que existe en enero: una defensa de élite. Los Texans empezaron con un 0-3, pero han dado la vuelta al año hasta cerrar 12-5, apoyándose en una unidad física, agresiva y muy consistente. Es un equipo que golpea en las trincheras y que obliga a los ataques rivales a ganarse cada yarda, algo especialmente importante ante un quarterback veterano que no quiere vivir en terceros downs largos. El techo defensivo lo marcan dos piezas diferenciales: Will Anderson Jr. como generador de presión desde el edge y Derek Stingley Jr. como esquina capaz de sostener duelos por fuera y permitir que Houston sea valiente con sus planteamientos.

La incógnita está en el otro lado del balón. C.J. Stroud sigue siendo la piedra angular, pero su temporada no ha sido tan explosiva: 3.041 yardas, 19 touchdowns y 8 intercepciones. Aun así, llega con rodaje y liderazgo en el sistema de DeMeco Ryans, y sabe perfectamente qué tipo de partido necesita Houston: minimizar errores, aprovechar campos cortos si la defensa los regala y no convertir el encuentro en un intercambio de riesgos.

CONFERENCIA NACIONAL

Carolina Panthers vs Los Angeles Rams

La NFC abre el telón con un cruce que, sobre el papel, parece el más desequilibrado de la Ronda de Comodines. Los Angeles Rams llegan con una plantilla experimentada, un ataque de élite y la garantía de Sean McVay en el banquillo. Enfrente aparecen unos Carolina Panthers que son, sin discusión, la gran sorpresa del cuadro: nadie contaba con verlos aquí, ni siquiera dentro de su propio entorno, y aun así han encontrado la manera de colarse como campeones de división con un 8-9 y volver a playoffs por primera vez desde 2017.

La gran incógnita vuelve a ser Bryce Young. El número 1 del draft hace dos años sigue generando debate: cuando el contexto le acompaña, ha mostrado liderazgo, temple en finales apretados y capacidad para mover cadenas; cuando el partido se tuerce, su perfil se vuelve frágil. Sus limitaciones físicas —especialmente la falta de potencia en algunos lanzamientos y la dificultad para operar entre brazos gigantes en la línea— hacen que su margen de error sea pequeño. Esta temporada ha terminado con 11 intercepciones, un QBR de 47,7 y la sensación de que aún le cuesta ver y anticipar ciertas ventanas, sobre todo en el centro del campo.

Carolina, eso sí, no ha llegado por accidente. Su salto se explica por dos elementos: una defensa mejorada, que ha sostenido partidos cuando la ofensiva no carburaba, y la irrupción de una joya en el draft como Tetairoa McMillan, el único receptor rookie capaz de superar las 1.000 yardas. McMillan ha sido el salvavidas en terceros downs y el arma que permite a los Panthers soñar con un guion competitivo… si logran que el partido no se convierta en una persecución de puntos.

El problema es que los Rams son, precisamente, el equipo que más castiga ese tipo de debilidades. Con Matthew Stafford a los mandos en modo candidato total, Los Ángeles llega con un ataque que ha sido el más productivo de la NFL en volumen, promediando 394,6 yardas ofensivas por partido. Stafford ha firmado una temporada descomunal con 46 touchdowns de pase, y a su alrededor tiene pólvora de sobra: Puka Nacua ha sido una máquina con 1.715 yardas y 10 TD, y el veterano Davante Adams ha sido el socio perfecto en zona roja con 14 recepciones de touchdown. Si a eso se suma la amenaza constante de Kyren Williams, sexto de la liga en carrera con 1.252 yardas, el ataque angelino presenta demasiadas vías para defenderlo bien durante cuatro cuartos.

Phildelphia Eagles vs San Francisco 49ers

Que Eagles y 49ers se crucen en Wild Card suena a partido de ronda divisional. Son dos de las franquicias más fuertes del último lustro y llegan con identidades claras… pero también con heridas. San Francisco aterriza mermado por lesiones y Filadelfia lo hace sostenido por una defensa de élite, aunque con un ataque menos fiable de lo habitual.

En los 49ers el parte médico condiciona todo. Llegan sin Nick Bosa ni Fred Warner, sus dos faros defensivos, y eso se nota: San Francisco es de los equipos de playoffs que más puntos encaja y sufre para cerrar drives. Por eso su argumento es ofensivo. Brock Purdy ha vuelto de la lesión en el mejor momento de su carrera y, desde su regreso, los Niners promedian 30 puntos por partido. El motor, como casi siempre, es Christian McCaffrey: más de 2.000 yardas totales y 17 touchdowns combinados, una pieza que define el guion. La nota de preocupación es física: George Kittle y Trent Williams llegan tocados, y si Williams no está al 100% la protección de Purdy puede resentirse.

Del otro lado, Philadelphia tiene el camino más claro: defensa y control. El grupo de Vic Fangio está en números de contender: quinto en puntos permitidos y séptimo contra el pase. Si los Eagles consiguen forzar terceros downs largos y convertir el partido en una batalla de posesiones, tendrán ventaja. La duda está en ataque: la línea ofensiva no termina de dominar y Saquon Barkley no ha sido tan constante, lo que ha provocado un Jalen Hurts con luces y sombras.

Green Bay Packers vs Chicago Bears

Chapeau, Ben Johnson. El excoordinador ofensivo de Lions ha hecho en Chicago lo que parecía imposible: darle identidad inmediata a una franquicia histórica que llevaba años sin rumbo. El salto de los Bears es de los más bestiales de la NFL: de 5 a 12 victorias en una sola offseason, coronándose campeones de división y llegando a playoffs con un equipo reconocible, agresivo y con un quarterback que ya juega sin complejos.

La gran obra del nuevo head coach es Caleb Williams. El número 1 del draft ha respondido con una temporada de estatus: séptimo en yardas de pase y sexto en touchdowns, mezclando lectura y precisión con su mejor sello, el de las jugadas “fuera de guion”. Cuando rompe el pocket y lanza fuera de plataforma, convierte snaps muertos en primeras oportunidades. Y ese tipo de talento, en playoffs, cambia partidos. Aun sin la aportación tan determinante que se esperaba del dúo DJ Moore–Rome Odunze semana tras semana, Chicago ha encontrado equilibrio con un D’Andre Swift excelente: 1.087 yardas de carrera, clave para sostener el play-action y evitar que todo dependa de la improvisación de Caleb.

Enfrente, Green Bay llega con más dudas de las previstas, sobre todo en la posición más sensible. Jordan Love estaba firmando un gran año, pero una conmoción a falta de dos semanas le apartó y obligó a tirar de Malik Willis, probablemente uno de los mejores suplentes de la liga. El problema es el contexto: Love llega tocado, sin ritmo pleno, y además los Packers pierden a su pieza defensiva más diferencial: Micah Parsons, el edge rusher que aterrizó en verano en un traspaso bomba y que se rompió la rodilla en diciembre. Sin él, Green Bay pierde su amenaza principal para condicionar el partido con presión y golpes al quarterback.