
Agosto 25, 2026 | Kylie Jenner celebró su cumpleaños rodeada de cristales. No solo estaban en su look: también aparecieron en el pastel, los vasos, la funda de su teléfono y productos de Kylie Cosmetics. Vogue España tomó esa escena como una señal clara del auge del bedazzling.
El término se usa para describir la aplicación de cristales, strass o piezas brillantes sobre ropa, accesorios y objetos. También aparecen los llamados rhinestones, pequeñas piezas decorativas que imitan el efecto de una piedra preciosa.
La tendencia llega en un momento en el que la moda parece cansada de tanta discreción. Después de varias temporadas de tonos neutros, minimalismo y quiet luxury, vuelve el interés por los detalles llamativos, el color y la personalización.
Vogue España relaciona este fenómeno con el whimsy maxxing, una corriente que apuesta por sumar humor, brillo y elementos inesperados a la vida cotidiana. Marcas como Sol de Janeiro, Clinique, Gisou y Laneige también han llevado esta estética a sus contenidos en redes sociales.
El bedazzling tiene una conexión directa con la estética Y2K, inspirada en la moda de finales de los años 90 y principios de los 2000. En aquella época abundaban los cristales, los logos visibles y los accesorios llamativos.
La diferencia es que ahora no se trata de copiar ese estilo al pie de la letra. La idea es tomar su energía y adaptarla a un guardarropa más actual.
British Vogue ha descrito el auge del whimsy maxxing como una reacción al dominio del quiet luxury. Savannah Scott, directora creativa de The Future Laboratory, lo resumió como “un giro hacia la alegría como símbolo de estatus”.
El fenómeno tampoco se limita a la moda femenina. The Washington Post señaló este año la presencia de cristales en camisas, chaquetas, shorts, gorras y zapatos, además de propuestas vinculadas con firmas como Dior, Louis Vuitton, Amiri y Versace.
El bedazzling también se está moviendo con fuerza en redes sociales. En Instagram y Pinterest aparecen cada vez más cuentas que muestran uñas con cristales, accesorios intervenidos, prendas con pedrería y objetos personalizados, mientras distintas tiendas aprovechan el interés para ofrecer piezas listas para usar o materiales para sumarse a la tendencia.
Las uñas y el maquillaje también han incorporado cristales y aplicaciones, pero son solo una parte del fenómeno. Lo interesante es que el brillo está entrando en espacios mucho más cotidianos.
Hoy puede aparecer en una cartera, unos jeans, una chaqueta o incluso en un objeto personal. Esa versatilidad explica por qué la tendencia resulta tan fácil de adaptar.
El bedazzling de 2026 recupera el gusto por decorar y personalizar, pero lo hace con mayor libertad. No exige un look completo ni una estética rígida.
Después de años de discreción, los cristales traen una invitación simple: volver a divertirse con la moda. A veces, un solo detalle brillante alcanza para cambiar por completo un look.
Con información de Vogue